Rosas de Madrid para la Guadalupana. Por Maricarmen Ontañón

Ha sido una grata sorpresa recibir la presente narración, el testimonio fotográfico y epistolar de parte de la autora, amiga y lectora asidua de la Revista ADE. Como se sabe, los temas que generalmente se abordan en nuestra publicación, se relacionan con el quehacer diplomático y con las relaciones internacionales, pero como bien menciona Maricarmen Ontañón, en 1954 México y España no mantenían relaciones diplomáticas –aunque sí consulares-; por lo cual los pueblos mismos fueron los encargados de lograr acercamientos de todo tipo, sobre todo, los identificados con el idioma, la religión y la herencia cultural que nos dejaron los españoles. El presente caso es una de esas historias de acercamiento entre los pueblos, sin importar si los gobiernos impulsan las relaciones o las impiden por razones diversas. Tenemos la suerte de contar con este relato, con fotografías originales y con la carta que de puño y letra escribió un 2 de junio de 1954 el compositor y cantante Agustín Lara, a su amigo Santiago Ontañón. Gracias a Maricarmen por compartir esta bella historia y por rescatar los testimonios mencionados que resaltan la amistad que siempre ha existido entre españoles y mexicanos.

A continuación la narración de Maricarmen Ontañón: “Quién no ha cantado las bellísimas canciones de Agustín Lara? ¿Quién no se emociona al escuchar: “Madrid, Madrid, Madrid…”; “Granada tierra ensangrentada…”?

Corría el año de 1954. México había roto relaciones diplomáticas con la España de Francisco Franco a raíz de la Guerra Civil. No obstante, en México había una comunidad de españoles que siempre se sintieron unidos a la Madre Patria y que no dejaron de fomentar lazos de amistad con la Península Ibérica. Uno de estos lazos fue La Fraternidad Iberoamericana. A ella pertenecieron y pertenecen españoles e hijos de españoles radicados en México y en comunidades de toda Latinoamérica, todos UNIDOS por el mismo idioma, religión y principios heredados de España…”

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