VI. MUJERES DESTACADAS EN LA PINTURA

La historia del arte, es un tema fascinante que nos transporta al pasado y revive nuestra imaginación, nos permite adentrarnos a tiempos lejanos, que no son nuestros, pero nos cautivan. Haremos un pequeño detalle del espléndido talento y la audacia de varias mujeres de otras épocas que jugaron un papel notable frente a la adversidad, con gran creatividad y notable dominio de la técnica.

Las mujeres han estado presentes a lo largo de la historia, incluso demostrando su capacidad para dirigir y organizar pueblos, su capacidad creativa y su talento está presente en la pintura, la cerámica, los bordados, la joyería con inteligencia y mentalidad creadora. Es hasta el Renacimiento que se logra dar un cierto reconocimiento a la labor de las mujeres en el arte, y es hasta finales del siglo XVIII que en las principales ciudades europeas se fundan los primeros salones a los que podrán asistir mujeres, y es así como poco a poco van ganando espacios.

A pesar de todo, en diversas épocas las mujeres han logrado dejar huella y nos han regalado obras que perduran. De las cuales se pueden citar algunas de las más destacadas:

Lavinia Fontana (1552-1614), mujer acaudalada y amante de las antigüedades, sobresale no solo por la cantidad y la calidad artística de su trabajo, se inclina por el estilo de la escuela veneciana y recibió importantes encargos, siendo la primera mujer que pintó temas históricos y su fama se extendió por todo Italia.

Esta artista retrató a las clases altas de Bologna y fue de las primeras mujeres en pintar desnudos femeninos y masculinos para obras religiosas. Asimismo, viene al caso mencionar que fue hija Prospero Fontana, pintor de la escuela de Bolonia, quien le enseñó el oficio.

El estilo de Lavinia fue, efectivamente, muy cercano al manierismo tardío que practicaba su padre. Ya desde muy joven se hizo un nombre como pintora de pequeñas obras de gabinete, principalmente retratos. Fontana se casó en 1577 con Gian Paolo Zappi, un rico discípulo de su padre. Siguió pintando durante su matrimonio para ayudar a la familia mientras su esposo se encargaba de la casa y asistía a su mujer como ayudante. La familia se trasladó a Roma en 1603 por invitación del papa Clemente VII. Obtuvo el mecenazgo de los Buoncampagni.

Gradualmente fue adoptando el estilo clasicista de los Carracci, contemporáneos y protagonistas de la escena artística boloñesa, con su academia de postulados clasicistas opuestos tanto al manierismo, como al naturalismo de Caravaggio, a quienes se unieron posteriormente Guido Reni y Domenico Zampieri, con un colorido fuerte casi veneciano. Lavinia Fontana recibió la influencia de artistas como Correggioy Scipione Pulzone y como consecuencia de su fama fue admitida en la Academia de Roma.

Caterina van Hemessen. Nació en la ciudad belga de Amberes en 1528. Podemos mencionar a esta pintora como una de las primeras mujeres en formar parte de la escuela flamenca. Se formó en el taller de su padre Jan Sanders van Hemessen, y realizó retratos para la corte de los Países Bajos, que reflejan trabajos de exquisito acabado y pulcro colorido.

Cabe destacar que, muchas de las mujeres artistas de la historia han seguido patrones similares: han aprendido en los talleres paternos, su carrera se ha visto a menudo truncada tras un matrimonio no siempre deseado y su obra no siempre se ha reconocido como propia. Caterina van Hemessen, pintora de la escuela flamenca del siglo XVI, siguió ese mismo patrón. Hacia 1540, junto a su padre, Caterina entró en la corte bajo el mecenazgo de la Reina María de Hungría, hermana del emperador Carlos V y regente en aquel tiempo de los Países Bajos. Caterina realizó entonces numerosos retratos de los miembros de la Corte, así como distintos lienzos centrados en temas religiosos.

Sofonisba Anguissola (1532-1625). Fue una de las mujeres más exitosas del Renacimiento italiano, su trabajo fue reconocido por el mismo Miguel Ángel Buonarroti, recibió una amplia educación artística, pintó temas religiosos y escenas familiares. Su éxito inspiró amuchas mujeres de su época.

Cultivó especialmente el retrato y el autoretrato, estableciendo nuevas reglas en el ámbito del retrato femenino. A los 27 años se estableció en España, en la corte de Felipe II. Se le adjudica un significativo papel como eslabón entre el retrato italiano y el español en el siglo XVI; además de notable influencia en el desarrollo posterior de este género en Italia. Su trayectoria resultó un precedente para varias mujeres artistas que habían sido excluidas de la enseñanza académica, de gremios y talleres y del mecenazgo papal, pero que sí encontraron respaldo en las cortes europeas entre los siglos XVI y XVIII.

Artemisa Gentileschi (1587-1655). Maestra del claroscuro, fue una de las grandes representantes del Barroco italiano. Valiente, de gran carácter para producir una pintura libre de ataduras. Fue la hija mayor del reconocido pintor Orazio Gentileschi, al observar que tenía mayor talento que sus hermanos, la tomó como alumna en su taller, compartiendo con ella las técnicas de Caravaggio. Alcanzó gran éxito y disfrutó del mecenazgo de Cosimo de Medici. Sus obras están en importantes museos del mundo y son reconocidas y admiradas como joyas del barroco.

Artemisia fue introducida a la pintura en el taller de su padre, mostrando más talento que sus hermanos, que trabajaron junto a ella. Aprendió dibujo, cómo empastar los colores y dar brillantez a los cuadros. Dado que el estilo de su padre, en aquellos tiempos, se remitía explícitamente al arte de Caravaggio (con el que Orazio tenía relaciones de familiaridad), también los primeros pasos artísticos de Artemisia se situaron, por motivos diversos, en el despertar del gran pintor lombardo. Pero su aproximación a los temas era diferente de la de su padre.

Firmó a los diecisiete años su primera obra, (aunque muchos sospecharan entonces que fue ayudada por su padre): Susana y los viejos, 1610, colección Schönborn en Pommersfelden ver arriba). El cuadro muestra cómo Artemisia había asimilado el realismo de Caravaggio sin permanecer indiferente al lenguaje de la escuela de Bolonia, que tuvo a Annibale Carracci entre sus mejores artistas. A los diecinueve años, dado que el acceso a la enseñanza de las academias profesionales de Bellas Artes era exclusivamente masculino, y por tanto le estaba prohibido, su padre le dio un preceptor privado, Agostino Tassi. Con él estaba trabajando en aquel tiempo Orazio, en la decoración de las bóvedas de Casino della Rose dentro del Palacio Pallavicini Rospigliosi en Roma.

Judith Leyster (1609-1660). Fue la primera mujer en ser admitida en el gremio de San Lucas de Haarlem, un hecho insólito ya que en ese momento era reservado para los hombres, lo que le permitió establecer su propio estudio y tener la libertad de recibir jóvenes estudiantes. Se piensa que su maestro pudo ser Franz Hals, pero nada lo documenta, solo la similitud para tratar las escenas populares, eran también los tiempos de Rembrandt y más adelante Vermeer.

Leyster era la octava hija de Jan Willemsz Leyster, un cervecero y sastre local. No se conocen bien los detalles de su formación. Ya en su juventud era suficientemente conocida como para ser mencionada en un libro holandés de Samuel Ampzing titulado “Beschrijvinge ende lof der stadt Haerlem”, escrito originariamente en 1621, revisado en 1626-27, y publicado en 1628.

Está documentada su pertenencia, hacia el año 1633, a la guilda de San Lucas de Haarlem, lo cual sólo lograron dos mujeres. En 1636, se casó con Jan Miense Molenaer, un pintor más prolífico, aunque con menos talento, que se dedicó a temas similares. Se trasladaron a Ámsterdam para mejorar económicamente, dado que allí el mercado del arte era más estable. Allí estuvieron once años; tuvieron cinco hijos, de los que sólo dos llegaron a la edad adulta. Con el tiempo, se trasladaron a Heemstede donde Leyster murió a los 50 años.

La mayor parte de sus obras datadas son de 1629-1635, lo que coincide con el periodo anterior a que tuviera hijos. Sólo se conocen dos piezas posteriores a 1635: dos ilustraciones en un libro sobre tulipanes de 1643 y un retrato de 1652.

Rachel Ruysch (1664-1750). Notable pintora de la Edad de Oro de la pintura holandesa, dedicó su vida a pintar exclusivamente flores. Su talento para modular la luz y armonizar los tonos de las flores, y el balance entre ellas, hace que toda la ilusión parezca real. Ella elegía las flores y los follajes en los mercados y arreglaba los floreros, tenía un dominio exquisito de la composición, e incluía insectos de las colecciones de su padre, profesor del Jardín Botánico de Ámsterdam.

La típica naturaleza muerta de Ruysch, consiste en unas flores dentro de un jarrón situado sobre un alféizar o borde de mármol o piedra, con un fondo oscuro. La evolución de su estilo puede seguirse fácilmente en una serie de pinturas del Rijksmuseum de Ámsterdam, donde su temprano ramo de flores sobre cobre (Grant, número 137), se halla en la tradición del siglo XVII, ejemplificada por un Jan Davidsz. de Heem, por ejemplo, y que contrasta con un florero ejecutado en su madurez (1716, Grant, número 153). El éxito técnico de Ruysch se basó en un dibujo sólido y enérgico, y en la técnica de la tradición anterior de la naturaleza muerta en concomitancia con su original introducción de un movimiento sofisticado y elegante, así como en una libertad de composición, tanto a pequeña como gran escala. Se considera una de sus obras cumbre, el Bodegón con buqué de flores y ciruelas (1704), hoy en los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica en Bruselas, donde el sutil uso de la curva en la composición declara su excelente buen gusto.

Ruysch vivió ochenta y cinco años, y sus obras, en su gran mayoría firmadas, cubren una sólida y segura cronología desde1681 hasta 1747. Se conocen un centenar de pinturas suyas. El fondo de sus pinturas suele ser negro. Ruysch también destaca por sus pinturas de jarros de cristal detallados y realistas.

Elisabeth Louise Vigee-Le Brun (1755-1842). Es reconocida como una de las más prestigiadas retratistas de Francia en el siglo XVIII, retrató en más de 30 ocasiones a María Antonieta, tenía la habilidad de identificar los rasgos característicos al momento de plasmar en los lienzos a sus personajes. Se enriqueció artísticamente con el estudio de las obras de Rubens y adoptó muchas de sus técnicas.

Nació en 1755 en París en el seno de una familia humilde a pesar de la reputación de su padre Louis como retratista en colores pastel dio acceso a la familia a la sociedad burguesa artística. Su hermano pequeño Étienne -tres años menor que ella- también mostró talento como escritor. De su padre, Louis Vigée, recibió sus primeras lecciones, aunque se benefició más de los consejos de Gabriel François Doyen, Jean-Baptiste Greuze, Claude Joseph Vernet y otros maestros de la época.

De 6 a 11 años vivió en un internado y no dejó de pintar. A los 12 años perdió a su padre y primer maestro en una operación médica fallida. Durante su adolescencia ya pintaba retratos de manera profesional. Comienza pintando a su propia familia: a su madre, a su hermano Etienne y a su padrastro, Jacques-François Le Sèvre. Su madre, Jeanne Massin, por circunstancias económicas volvió a casarse con un hombre con el que la pintora no tenía buena relación. Animada por su madre para que continuara con la pintura a los 15 años Louise tenía su propio estudio. Cuando su estudio fue embargado por pintar sin licencia, buscó afiliarse a la Académie de Saint Luc, que sin saberlo exhibió sus cuadros en su Salón. El 25 de octubre de 1774 ingresó en la Academia Francesa.

En esta ocasión no es aconsejable incluir a toda la gama de excelentes pintoras que a través de la historia han dejado huella, pero se hará poco a poco, hasta llegar a la era moderna.

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