VI. LA PROYECCIÓN GEOPOLÍTICA MUNDIAL DE LA FEDERACIÓN DE RUSIA

Introducción. El presente trabajo pretende, desde una óptica personal, hacer un análisis pragmático de la política exterior de Estado de la Federación de Rusia, poniendo especial énfasis en su proyección geopolítica mundial, desde el momento en que Rusia se ha convertido en un activo e imprescindible protagonista a nivel global.

De acuerdo a lo expresado en múltiples oportunidades por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, en la actualidad se puede apreciar el enorme potencial de cambios en materia de relaciones internacionales y, dentro de éstos, la formación gradual de “un orden mundial policéntrico” (multipolar). De esta manera, la diplomacia multipolar, en red, viene a sustituir toda clase de estructuras jerárquicas que dominaron la política internacional en un pasado muy reciente y, sólo por mencionar dos casos específicos de esta apreciación, se puede señalar al Grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica)  o a la Organización de Cooperación de Shangai (OCS: Rusia, China Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán), ambas, con un creciente atractivo por el desempeño presente.

En su reflexión sobre las relaciones internacionales actuales, la Cancillería rusa considera que la política global tiende a regionalizarse, es decir, se buscan soluciones regionales a conflictos y situaciones de crisis; consolidándose, al mismo tiempo, los sistemas de gestión regionales porque los mecanismos globales a menudo fallan (léase Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas); por lo que podría considerarse que se está en proceso de una especie de red de protección por si empiezan a desarrollarse los procesos de “desglobalización”, como una garantía de que la fragmentación no se irá profundizando hasta el límite de que cada Estado se defienda a sí mismo de todos los demás.

De la misma manera, desde la óptica rusa, una clave para resolver con éxito los problemas del mundo contemporáneo es la capacidad de organizar (con voluntad política) la cooperación internacional, ya que resulta imposible en la actualidad que se haga forzando a la comunidad internacional en general o los países en particular a colaborar; por el contrario, hace falta demostrar que la preocupación y, desde luego, la cooperación, se realice en aras de un beneficio común, no por intereses nacionales egoístas.

Premisas y metas de la política exterior rusa.

Por principio, una política exterior de Estado firme, transparente y predecible, pero con una Rusia fuerte y segura de sí misma, siempre dispuesta a cooperar de modo constructivo con todos los países por interés mutuo, sin distinción entre “socios” y “rivales”, con deseos de cooperar y competir al mismo tiempo, mediante reglas de juego únicas y equitativas, anteponiendo la defensa de los principios universales sobre la base del Derecho Internacional, evitando la confrontación y el “juego suma cero”.

En cuanto a las metas resalta su interés por retornar un diálogo que permita volver a fortalecer un nuevo entendimiento con la Unión Europea, particularmente con países “afines” (Alemania, España, Francia, Italia); consolidar la “relación estratégica” con China e India y, en forma especial, una nueva relación con los EUA.

Consolidación de la relación estratégica con China e India.

En la actualidad las relaciones con ambos países es amplia en prácticamente todos los campos, aunque con mayor énfasis en aquellos temas relacionados con la venta de energéticos, diverso material militar y cooperación en materia de energía nuclear pero con una visión geopolítica prospectiva a través de dos organizaciones regionales. La Organización para la Cooperación de Shangai (OCSh-China, Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán) que, de acuerdo con los rusos, está convertida en un factor estabilizador a nivel global pero, específicamente en la zona euroasiática, en momentos cuando los polos de influencia occidental promueven conflictos y tensión en África y el Golfo Pérsico; independientemente de elevar la capacidad geopolítica del eje Rusia-China y, con ello, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC-Armenia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Rusia, Uzbekistán) y más recientemente India y Pakistán, previéndose que en poco tiempo se incorporarán con membrecía plena Irán y Mongolia.

Posición en Oriente Medio y el Sudeste Asiático.

Dentro de su “nueva política exterior” (dada a conocer desde 2004), Rusia ha tratado, y logrado hasta ahora, convertirse en un conciliador pero, asimismo, un protagonista directo en Oriente Medio, resaltando su constante diálogo con todos los países y los diferentes movimientos o facciones involucradas en los diferentes conflictos que aquejan a esa área, lo que le llevó a ser aceptado como observador en la Organización de la Confederación Islámica.

Nueva relación con los Estados Unidos de América.

Las relaciones entre Rusia y los EUA se han caracterizado por la constante confrontación y, en el mejor de los casos, por la desconfianza permanente entre ambos. Si bien en un pasado cercano esta postura obedeció al enfrentamiento en el campo ideológico (comunismo vs capitalismo), todo parece indicar que después de la Guerra Fría los dos países han entrado en períodos que han ido de una paz fría a una paz caliente, etapas que en mayor o menor medida fueron consecuencia del choque de intereses nacionales y geopolíticos, así como por las doctrinas que, en política exterior, ejecuta cada país, especialmente los EUA, toda vez que la doctrina estadounidense, concebida en la época de los enfrentamientos con los regímenes totalitarios en Alemania y de la URSS, aún no cambia en su totalidad.  Por otra parte, existe la necesidad de tomar en consideración el “establishment” estadounidense que afecta sensiblemente su política exterior, al grado de deteriorar en gran medida la reputación e influencia global estadounidense.

En la actualidad el concepto de “democracia” tan utilizado por los estadounidenses resulta obsoleto por sí mismo ya que existen democracias pobres y muy inestables que entrañan un claro peligro para la paz y la seguridad regional (Hamas en la Franja de Gaza y en el Líbano) y, por otro lado, estamos viendo que las “democracias” con regímenes autoritarios pero “prósperos y pacíficos” en Oriente Medio y en África se están desmoronando, no obstante el apoyo histórico de estos regímenes por parte de los EUA y de la UE.

Rusia y los EUA deben actuar ahora en un escenario con otras características, sin necesidad de aplicar dogmas e ideologías desfasadas y, en forma conjunta, hacer frente a los problemas reales del Siglo XXI en un marco de Igualdad de derechos y respeto mutuo, que permitan una amplia cooperación en ámbitos tales como la lucha conjunta contra el terrorismo, el desarme, la no proliferación nuclear, el cambio climático, etc.

Origen de la nueva política exterior y geopolítica rusa.

Fue durante la Conferencia sobre Seguridad en Münich (abril 2007), donde Rusia dejó de oponer resistencia pasiva al mundo unipolar y pasó a incrementar su potencial militar y, por ende, a conformar bloques político-militares, así como económicos y comerciales. Como claro ejemplo de su nueva posición declaró su moratoria del cumplimiento del Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa (CFE) que por si acaso, nunca fue ratificado por los europeos.

Estado actual y proyección de las relaciones con la Unión Europea.

Desde el punto de vista ruso, las relaciones podrían ser de ,mayor beneficio para ambas partes, si se hacen a un lado resabios históricos y, en su lugar, se emprende una colaboración consensuada y real de las necesidades de cada parte, pudiendo ser la base el Acuerdo marco de cooperación y su consecuente “Hoja de Ruta” (mayo 2005) que inserta temas esenciales como: Economía, libertad y justicia, seguridad exterior, enseñanza, cultura e investigación científica y, asimismo, la reingeniería apropiada de la Carta Europea de Energía. Por presiones estadounidenses hasta la fecha no se ha podido concluir ni el Acuerdo ni la hoja de ruta.

Con una nueva actitud de ambas partes, los rusos consideran que la modernización de las relaciones debe ser ejecutada desde un punto de vista más socio-económico que político, haciendo a un lado la histórica y extemporánea retórica anti rusa. Este propósito, ya expuesto a la UE en varias oportunidades, es que tanto Rusia como la UE aprovechen la coyuntura favorable (situación en oriente medio y países de África, así como la “indecisión” política estadounidense en Europa) para buscar una real interdependencia que permita la apertura de los mercados en ambas direcciones, a través de una alianza estratégica donde no haya vencidos ni vencedores.

No obstante que el diálogo entre rusos y la UE se ha ido acrecentando, es un hecho que los europeos se mantendrán por un tiempo en una disyuntiva estratégica, esto es, su acercamiento o distanciamiento de Rusia tendrá como eje el accionar estadounidense. Los europeos tienen que decidir entre sus intereses nacionales, donde se inserta la interdependencia política, económica, comercial y energética entre ellos y con Rusia, pero al mismo tiempo tienen que contener los coyunturales ímpetus anti rusos de algunos de sus socios y las presiones estadounidenses en materia de “seguridad” (militar), o asumir los riesgos innecesarios que provocaría apoyar decididamente las pretensiones geopolíticas estadounidenses, actitud que podría traer consigo una inestabilidad en Europa tan innecesaria como perjudicial para todos.

Estado actual y proyección de las relaciones con América Latina.

Latinoamérica desde hace ya bastante tiempo, pero con mayor fuerza en épocas recientes, está convertida en una zona geográfica de suma importancia para Rusia (e inclusive para China). Las dos potencias han incrementado considerablemente e inclusive han consolidado su presencia en varios países latinoamericanos (en Centroamérica y Sudamérica) pero, esta vez, sin visos de confrontación ideológica o militar con los Estados Unidos, ni tampoco de competencia entre ellas.

Rusia ha incursionado con éxito en países productores y exportadores de petróleo y gas en los sectores de exploración, prospección, explotación  inversión directa, así como en áreas afines, a través de acuerdos de gobierno a gobierno o utilizando a sus empresas trasnacionales, sin olvidar la importante penetración en la venta de armamento militar en un gran número de países.

 Rusia-Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Independientemente del mejoramiento de las relaciones políticas, económicas, comerciales, etc., entre Rusia y la UE, siempre habrá que tomar en cuenta el factor OTAN. En primera instancia, para los rusos, depende de las acciones que emprenda la OTAN en el marco del Consejo Rusia-OTAN, es decir, la disposición a tomar en cuenta los intereses rusos, la recuperación de la confianza en ambos sentidos y, principalmente, una completa claridad en los objetivos que persiga la OTAN.

Según los rusos, el Consejo puede ser un órgano eficaz de diálogo político e interacción práctica únicamente si se abandona la idea de bloques militares y se cumplen los principios insertos en la Declaración de Roma que dieron origen al Consejo: establecimiento de relaciones equitativas y garantizar la indivisibilidad de la seguridad, esto es, cuando nadie fortalezca su seguridad a costa de otros.

Los temas que tienen diferencias serían, principalmente, el escudo antimisiles, previsto en el Nuevo Concepto Estratégico de la OTAN, donde Rusia estaría de acuerdo con un sistema antimisiles europeo, pero sin elementos del escudo propuesto unilateralmente por los EUA. Al respecto, cabe recordar la Nueva Arquitectura de Seguridad en Europa, propuesta por el entonces Presidente Medvedev en agosto de 2008, misma que fue objetada porque “minimiza” el papel de la OTAN (léase de los EUA) en la seguridad europea.

Rusia-Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa-OSCE.

Otro factor que puede favorecer una mejor relación entre Rusia y la UE lo es la actuación que pueda desarrollar a futuro la OSCE que, cabe recordar,  tiene como mandato primordial que sus obligaciones y compromisos son de carácter político, teniendo, por lo tanto, un papel muy importante en la gestión de las crisis que puedan aparecer en la zona euro-atlántica.

Aquí, cabe destacar que en este nuevo diálogo Rusia-Europa, deben insertarse el permanente diálogo tanto a nivel bilateral como en los principales organismos multilaterales europeos (UE- OSCE-OTAN). Cabe recordar que durante la reunión en Deauville, Francia (Alemania-Francia-Rusia, octubre 2010), se constituyo en un gran avance para rusos y europeos, ya que permitió a los rusos participar en la posterior Cumbre de Lisboa, donde se dio a conocer la nueva arquitectura de seguridad en Europa.

Conclusiones.

La política exterior rusa está motivada por el más puro pragmatismo, rasgo característico de la actual corriente mundial, de ahí que las premisas y metas en la materia sean concretas y abiertas.

Desde su posición como potencia regional, la relación estratégica con China e India, así como su participación en los principales conflictos en Oriente Medio y en su área geográfica inmediata, se inscriben en una prospección geopolítica evolutiva, de conformidad con los intereses nacionales y la seguridad rusa, siendo no sólo útil sino necesaria la participación rusa en los procesos de diálogo y pacificación en ambas zonas. Como claro ejemplo de su firme posición en cuanto a su seguridad e intereses nacionales se refiere, aparecen en el escenario la corta guerra entre rusos y georgianos, así como la adhesión previo plebiscito de Crimea y después del golpe de Estado en Ucrania.

Con la UE, Rusia pretende un entendimiento político, económico, comercial y energético de amplio respeto y cooperación mutua, pretendiendo, en materia de seguridad, un acuerdo “paneuropeo” donde Rusia y la UE, si se quiere a través del Consejo Rusia-OTAN y de la OSCE, coincidan en crear un marco que promueva medidas de confianza mutua, pero con plena voluntad política en ambos sentidos.

Rusia considera que su relación con los EUA puede entrar en una nueva era de entendimientos que prosperarán con mayor fuerza, siempre y cuando la nueva administración estadounidense ejecute una política exterior que evolucione en acciones pragmáticas, sin directrices ideológicas ni mucho menos contenga amenazas absurdas.

En cuanto a Latinoamérica, la exploración y posterior penetración en varios Estados latinoamericanos y caribeños, encierran un alto significado político, económico, comercial y de cooperación en varios temas de la agenda mundial. Al mismo tiempo, Latinoamérica resulta de sumo interés para el Kremlin por la importancia que le merece la gran potencialidad de los recursos naturales y, desde luego, porque sus relaciones insertan amplias connotaciones estratégicas y profundas características geopolíticas.


Ex Miembro de Carrera del SEM. Puebla, julio de 2017

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