III. LA OMC Y VENEZUELA: UNA OPORTUNIDAD PERDIDA

Antecedentes

Venezuela es un país miembro de la Organización Mundial de Comercio (OMC) desde el 1°de enero de 1995, luego de haber ingresado al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) el 31 de agosto de 1990. Su ingreso a este último esquema normativo de comercio es bastante tardío toda vez que se debió a su incipiente industria y a su condición de país exportador de petróleo, por lo que no le interesaba tener que hacer concesiones dentro del GATT, ya que el petróleo  fluía dentro de un esquema de oferta y demanda y sus precios internacionales eran influidos principalmente por las decisiones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Además, siendo el comercio petrolero el centro de la actividad exportadora del país el acceso al bien  y sus derivados eran internacionalmente  pechados con aranceles muy bajos y por lo general para aquel entonces no se sometían a barreras arancelarias, como sí lo eran la mayoría de los bienes transables.

También durante la Ronda Uruguay algunos países hicieron intentos para someter las reglas multilaterales a ciertas políticas relacionadas con el petróleo y sus derivados. Fueron iniciativas del grupo de negociaciones sobre productos naturales. [1]

El contexto económico.

Cuando se  inicia el proceso para el ingreso a esta “nova“ organización, se caracterizaba  por una vocación integracionista que  situaban a Venezuela en la búsqueda de múltiples  escenarios y opciones. Por una parte aplica un programa de reforma comercial cuyo objetivo era incentivar la economía no petrolera, fortalecer su principal espacio económico que lo representaba la Comunidad Andina, apoyar los  primeros trazos de la creación de la comunidad sudamericana de naciones (SAFTA), así como  jugar un papel importante en la creación del ALCA.

Al mismo tiempo, Venezuela a pesar de contar con un sector exportador incipiente adelantó negociaciones de libre comercio con la Comunidad del Caribe (CARICOM)  y con los países de Centro América. El país estaba sumergido en una visión liberal de las negociaciones comerciales y dispuesto a insertarse en el proceso de globalización a pesar de algunas resistencias, tanto dentro del Gobierno, como del propio sector privado; a pesar de que este debería haber sido el que  mejor comprendiera los restos que la economía global exigía.

El país tenía pues, poca capacidad competitiva y un desarrollo industrial bastante incipiente. Como  país mono exportador de petróleo la economía era dominada por la producción casi exclusiva del mineral y hacia esfuerzos para ampliarse a otros sectores como el hierro que requerían poco valor agregado.

Con una moneda sobrevaluada la posibilidad de  desarrollar una capacidad exportadora no estaba entre las opciones de crecimiento y desarrollo. Por el contrario, el país se acostumbró a medidas arancelarias y paraarancelarias en un sistema que lo situaba como fundamentalmente proteccionista. Sus escasas industrias eran poco competitivas y ni siquiera dentro del marco del proceso de integración latinoamericano como por ejemplo, la Comunidad Andina, lograron obtener mayores beneficios.

Cuando Venezuela se incorpora al GATT en 1990 es bajo el segundo Gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-1992)  y esta es una época en la que se cambia la estrategia de desarrollo, se toman nuevas medidas económicas, entre ellas la de liberar el control de cambio; se implementó una nueva política comercial que eliminaba restricciones comerciales y los aranceles fueron reducidos de un promedio de 35% a uno del 10%. El país se lanzaba por una corriente de apertura económica de corte liberal que asumía una política industrial ajustada a fortalecer la producción, estimular las exportaciones, desarrollar una nueva estrategia de integración y buscar la inserción del país en la  economía global, a través de una serie de medidas conformes con el sistema multilateral de comercio y que fortaleciera  a su vez la integración con sus principales socios comerciales, mientras que aprovechaba sus ventajas comparativas en el sector energético para atraer inversiones.

Hubo críticas al ingreso de Venezuela al GATT. Se afirmaba que Venezuela sacrificaba su autonomía en materia arancelaria. La verdad es que  ingresa sin modificar los aranceles. Por el contrario, las restricciones de Venezuela estaban relacionadas  con  los compromisos que se originaban con el Arancel externo Común del Acuerdo de Cartagena.[2] Venezuela  ingresó al GATT sin ningún cambio en sus aranceles. Su compromiso fue no subir sus aranceles a más de 60% ad-valorem. El arancel más alto vigente en Venezuela en 1990 era de 20%. Es decir, Venezuela tenía derecho a elevar sus aranceles de manera unilateral en caso de que lo considerase necesario. Su mayor limitación a esos efectos no venía del GATT, sino como ya se dijo, del Arancel Externo Común  del  Acuerdo de Cartagena. Se había comprometido a reducir su tope arancelario a 35% para el año 2004.

Prepararse para las Grandes Ligas.

El ingreso al sistema multilateral de comercio se convirtió en una política importante para el nuevo gobierno. Se crearon los primeros equipos negociadores con el apoyo del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se contrataron asesores como keniano Patrick Low para apoyar el proceso de ingreso al GATT y se formaron equipos de trabajo dirigidos por Miguel Rodríguez Mendoza[3], los cuales funcionaron desde la sede misma de la Presidencia -el Palacio de Miraflores-, como indicación de la importancia que el gobierno  le daba al tema en el marco de la nueva estrategia económica del país. Posteriormente, los equipos de trabajo comienzan a funcionar desde el Ministerio de Relaciones Exteriores -en la llamada Casa Amarilla- y se cuenta con recursos presupuestarios propios. Eso les permitió conseguir el apoyo de varios expertos internacionales, como Patricio Leyva y Carlos Monetta, entre otros.

La formación de equipos especializados era fundamental, especialmente porque la agenda del GATT ya no era limitada al comercio de bienes sino que también había incluido en las negociaciones de la llamada Ronda Uruguay de negociaciones comerciales multilaterales, nuevos temas en la agenda que obligaba a los países a fortalecer sus capacidades negociadoras, especialmente en el área de servicios y propiedad intelectual. El ámbito del GATT se amplió significativamente en esos años y desde aquel entonces la mayoría de los negociadores y especialistas que se formaron cumplieron responsabilidades directivas en distintos Gobiernos  nacionales.[4]

Cuando se crea la OMC por ser Venezuela parte contratante ingresó  directamente a la nueva estructura del sistema multilateral del Comercio. Se puede entonces afirmar que, a diferencia de muchos de los  países de América Latina, nuestro país tiene una ingreso tardío, lo que explica en alguna medida las limitaciones negociadoras y la falta de equipos multidisciplinarios  de negociación durante los primeros años.

Por aquellos tiempos era MRM quien hacía seguimiento al GATT en el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA) y Reinaldo Figueredo[5] director de manufacturas en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), eran algunos de los pocos venezolanos familiarizados con las disciplinas multilaterales,  porque además, les había correspondido coordinar la preparación  de la posición de América Latina ante el GATT en la reunión ministerial de 1982 en Ginebra. En esa reunión el SELA coordinó la postura de la región. No se planteaba la opción del ingreso de Venezuela, precisamente por la poca relevancia que tendría, como referimos anteriormente, para un país fundamentalmente petrolero. Quizás se podría afirmar que esa reunión marcó a través de esos  dos venezolanos, la primera semilla para ver un futuro ingreso que se materializa cuando ambos llegan a cumplir altas responsabilidades en el Gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Venezuela no participó muy activamente en la Ronda Uruguay, precisamente porque estaba negociando su ingreso al GATT, aunque se hizo presente en la última etapa. Cuando se crea formalmente la OMC ya Venezuela entra como miembro fundador y había fortalecido capacidades técnicas en muchos de los temas. Hay que recordar el complicado trecho para muchos de los países que posteriormente han negociado su adhesión a la organización.

Quizás donde más complejo fue el proceso de adhesión al GATT fue en las negociaciones con los Estados Unidos, que aspiraba en aquel entonces a que Venezuela adoptara algunos códigos sobre medidas no arancelarias,  que habían sido negociadas en la Ronda Tokio, pero no aceptadas –en general- por los países en desarrollo. Se creó un grupo de trabajo que lo presidía por entonces el  Embajador de Suecia. Al GATT Afirma Laura Rojas que “a Venezuela se  le exigió asumir obligaciones que otros países de su mismo nivel no habían asumido en épocas previas y que no formaban parte de las disciplinas del GATT, pero sí de la  de las negociaciones de la Ronda Uruguay.”[6] Entre estas estuvieron, los subsidios directos a las exportaciones, de la cual solo aceptó el subsidio referido al crédito fiscal.

El ingreso se logra después de muchas consultas y negociaciones. Para aquel entonces, el representante del la Unión Europea Tran Van-Thinth (de origen vietnamita), destacó el impecable y persistente esfuerzo del jefe de la negociación venezolana para finalizar el proceso de ingreso de Venezuela.[7]

Desde aquel entonces a pesar del cambio de Gobierno posterior al de Pérez  y la llegada del Presidente Caldera, Venezuela jugó un papel importante y de liderazgo como país en desarrollo en el marco de la organización. Es un par de años después  con el Gobierno del Presidente Chávez que Venezuela pierde liderazgo y asume un papel de controversial y de poco apoyo al fortalecimiento del sistema multilateral, como veremos más adelante.

Militando en el Sistema Multilateral de Comercio.

Fue Juan Francisco  Misle el primer venezolano quien en la  práctica y en su condición de Ministro Consejero y Representante alterno ante la OMC, coordinó e hizo seguimiento a esta compleja nueva responsabilidad de Venezuela de ser miembro de la OMC. Tenemos que recordar que después de dos  intentos de golpes de estado y un proceso de enjuiciamiento, el Presidente Pérez fue destituido de la presidencia.

En un corto interinato el Dr. Ramón J. Velázquez asume la presidencia del gobierno y mantiene la línea de pensamiento económico de su antecesor y compañero de partido (Acción Democrática). Por lo demás  eleva al rango de Ministro de estado para Comercio al propio MRM quien fungía como Presidente del Instituto de Comercio Exterior. Entre las pocas medidas que asume en conocimiento de su corto periodo al frente de la presidencia y toda  vez que contaba con “poderes especiales“ (ley habilitante) introdujo el impuesto al Valor agregado al final de 1993, como medida para financiar el déficit y obtener recursos fiscales.

La oferta exportable para aquel  momento se concentraba en el  Petróleo y derivados que correspondían al 76% de las exportaciones de bienes y  servicios; las manufacturas estaban por el orden del 12%. Los principales productos de exportación además de combustible, era el aluminio, vehículos, hierro y derivados, carbón y pescados.

En esa época Venezuela continuó su política de fortalecimiento de la Comunidad Andina (CAN) y especialmente, sus relaciones con Colombia, país con el cual  se había desarrollado una muy estrecha relación económica y comercial; sin duda, la mejor experiencia de integración bilateral que había alcanzado el país. De la misma manera se fortaleció la relación con un grupo de países del caribe con quienes se había firmado un acuerdo de libre comercio unilateral.

En 1994 llega al poder de nuevo Rafael Caldera[8] quien  asume el gobierno con sectores  ideológicos diversos, pero fundamentalmente de izquierda. El Presidente Caldera se distancia del proceso de reforma económica de su antecesor, aunque mantiene, sin el mismo impulso,  compromisos bilaterales y las relaciones de integración regional, y los acuerdos que se originaron con la adhesión de Venezuela al GATT y otros de relacionados a las inversiones extranjeras.

En esta primera etapa Venezuela afronta uno de los retos más importantes, demandar a Estados Unidos por el caso de la gasolina reformulada, primer litigio comercial en la OMC en el marco del Órgano de Solución de Diferencias. [9]

Es precisamente en 1996 durante la primera revisión de la política comercial de Venezuela cuando la administración Caldera reconoce a pesar de su agenda menos liberal que “una de las principales estrategias comerciales de Venezuela es la de llamar la atención  a todos los niveles en el país, sobre los compromisos que había adquirido en cada uno de los acuerdos, así como prevenir cualquier incumplimiento, así como los derechos de los acuerdos para beneficiarnos de ellos”.

Venezuela reiteraba también que su estrategia se enfocaría en prepararse adecuadamente para las futuras negociaciones, así como en los nuevos temas que se derivaron de la Ronda Uruguay, la negociación más ambiciosa que se inició el 20 de septiembre de 1986 en Punta del Este, Uruguay, que terminaron en Marrakech formando el acervo normativo de la OMC.

Claramente se refleja para aquel entonces, una posición positiva y constructiva, desde las autoridades Venezolanas, con relación a su participación en la organización.

El Órgano de Solución de  Diferencias

Es esta la joya de la corona del sistema multilateral de comercio. El GATT quedó superado precisamente con esa nueva herramienta de solución de controversias entre los países miembros. Fue precisamente a Venezuela a quien le correspondió estrenar el mecanismo con el caso de la “gasolinas reformuladas”. En ese sentido J. Misle afirma que “Venezuela usó exitosamente los mecanismos de solución de controversia del GATT/OMC. Participó, junto a México, como parte demandante a EE.UU en el conflicto sobre el embargo a las exportaciones de atún a EE.UU. El panel creado ha esos efectos sentenció a favor de Venezuela y México, y ordenó a EE.UU levantar el embargo atunero. Igualmente Venezuela participó como demandante de la Unión Europea en contra del régimen de importación de bananas que discriminaba en contra de las exportaciones venezolanas de ese producto al mayor mercado importador de bananas del mundo. Una vez más los paneles de la OMC que examinaron este reclamo en distintas ocasiones fallaron a favor de los alegatos de Venezuela, Colombia, Ecuador, y Guatemala y la UE se vio obligada a cambiar su régimen de importaciones bananeras y a compensar a los afectados”.

Finalmente, “Venezuela junto a Brasil, demandó a EE.UU en la OMC por sus medidas discriminatorias en contra de las gasolinas reformulada proveniente de Venezuela y que al momento de la demanda afectaba un valor de exportaciones de PDVSA de $60 millones de dólares anuales. La OMC sentenció que EE.UU, en efecto, violaba las disposiciones de Trato Nacional del GATT en contra de Venezuela y ordenó a ese país tomar medidas correctivas que evitaran esa discriminación. Ese fue el primer caso de solución de diferencias resuelto por la recién creada OMC, y de allí su significación histórica. Esta disputa, además, tenía el agregado de que demostraba que con la OMC era posible para un país pequeño como Venezuela salir  victorioso ante un reclamo comercial frente a un país grande, por demás su principal socio comercial. Por último, pero no menos importante, el caso de las gasolinas reformuladas puso a prueba a la OMC en un terreno en el que existía, y sigue existiendo, una gran sensibilidad mundial como lo es la preservación del aire y del medio ambiente en general. Venezuela demostró que era posible cumplir con los objetivos ambientales planteados en otros foros internacionales, sin tener que recurrir a la discriminación comercial entre países.”[10]

Jorge Castro reafirma esta idea en los siguientes términos: “El mecanismo de solución de diferencias de la OMC fue estrenado en 1995 por Venezuela. Ese año, junto con Brasil, Venezuela impugnó exitosamente ante la OMC ciertos reglamentos medioambientales que daban un trato distinto a las gasolinas importadas frente a las gasolinas producidas en Estados Unidos. El equipo de abogados que defendió a Venezuela contó con la asesoría del profesor John Jackson. Esto fue de considerable ayuda, ya que Venezuela estaba navegando las aguas de un sistema que apenas se inauguraba y nunca había sido ensayado”.[11]

Revisión de la Política Comercial de Venezuela 1996

El informe reconoce las dificultades económicas de Venezuela incluyendo la crisis bancaria de 1994 y registra que por ello Venezuela había frenado el programa de reformas económicas que había iniciado en 1989 con el Gobierno del Presidente Pérez. Examinaba que el control de cambio que había impuesto el gobierno podía como efectivamente lo hizo, ahuyentar el flujo de capitales, desestimular inversiones extranjeras y retroceder  el régimen comercial.

El informe concluye que Venezuela debe solventar sus problemas macroeconómicos y a su vez debe adelantar la reforma de la política comercial que había iniciado y que medidas como el control de cambio debían superarse para que estas no afectaran los intereses de sus socios comerciales. En el informe se recomienda que Venezuela mantenga su política de liberalización comercial y que establezca los escenarios para desarrollar una política de menos injerencia del estado y  que ampliara su capacidad exportadora. Venezuela hizo poco por seguir los consejos y observaciones de los países miembros que participaron en esa revisión.  [12]

La OMC y la Revolución

En el año 1999 llega al poder Hugo Chávez. Para ese momento era difuso cual seria el programa internacional del nuevo Gobierno y la verdadera visión que tenía de la agenda internacional. Ya la misión en Ginebra contaba con un excelente equipo diplomático, en su mayoría especializados en los temas del comercio internacional. El Representante Permanente ante Naciones Unidas era Werner Corrales y el alterno para la OMC era el suscrito.[13] La actuación internacional de los primeros tres años de la política exterior del Gobierno de Chávez se puede catalogar como una diplomacia de baja intensidad y una etapa de “reacomodo” para lo que sería en definitiva, la instauración de un gobierno anticapitalista, anti liberalización comercial y fundamentalmente estatista.

La Cancillería y sus ministros de turno se asentaron en una actuación internacional de aproximación moderada, basada en los preceptos tradicionales de una política exterior de estado, respetuosa del Derecho Internacional y fundamentalmente centrada en una agenda exterior similar a la que el país había mantenido durante los gobiernos democráticos de la llamada cuarta Republica. La relación entre la actuación internacional y las decisiones de política interna no parecían proyectadas por pretensiones distintas a las de mantener relaciones armoniosos con la comunidad internacional en su conjunto, incluyendo a los Estados Unidos y a Europa. Esta no se presentaba como una extensión de la política interna y el Gobierno mantenía un equilibrio en su actuación diseñada por la burocracia institucional y en donde el Presidente en términos generales mantenía una actuación cimentadas en las recomendaciones que le hacia “la Casa Amarilla”.[14]

Sin embargo, no fueron pocos los esfuerzos que hicieron muchos especialistas en tratar de hacer entender al Presidente Chávez el contexto internacional y la conveniencia para Venezuela de que jugara un papel moderado y proactivo en los organismos internacionales. Fue una reunión del G-15 en febrero de 1999 la primera aproximación de Chávez a un foro multilateral. En esa ocasión pudo conocer del propio Corrales de la temática global que se manejaba en ese entonces.

No pasó mucho tiempo antes que el proceso se radicalizara (2002) y la actuación de Venezuela en la OMC entrara en un receso y posteriormente en una actuación signada por la confrontación y la crítica permanente al papel del sistema multilateral del comercio y en general de los organismos internacionales. No fue difícil convencer Chávez que la OMC era un club de países ricos.

Durante esos primeros años el Ministerio de Industria-Comercio y la Cancillería mantenían posiciones más cimentadas en las recomendaciones de los expertos de la misión Ginebra, que  en una definición propia y diáfana de la política comercial.

Tres hechos notorios y hasta contradictorios marcaron la agenda de esos primeros años (1999); La ratificación del equipo negociador en Ginebra, el apoyo a la candidatura de Mike Moore a la Secretaria General y la aprobación para promover la candidatura del Venezolano M. Rodríguez Mendoza como candidato por América Latina, como Director General adjunto de la OMC. Fue durante la gestión del canciller JV Rangel que se aprueba tal candidatura. Unos años después hubiese sido imposible pensar que un ex ministro de la llamada “cuarta república” alcanzase haber sido presentado para un cargo de esa naturaleza.

En el año 2001 mientras cumplía funciones directivas en la cancillería logramos incluir en la agenda de Chávez una visita oficial a la ONU-Ginebra una reunión con Mike Moore Director General de la OMC, quien con su experiencia política y aprovechando la presencia de un venezolano como su adjunto, pudiera ayudar al Presidente Chávez para que entendiese mejor las bondades de la OMC para un país en desarrollo como Venezuela. Fue sin duda interesante haber sentado al Presidente en la sede de lo que ya muchos de sus asesores nacionales e internacionales, le vendían como la cuna de todos los males de la humanidad.[15]

Algunos años después,[16] la radicalización del gobierno llegó a niveles tales que en el último programa de gobierno de Chávez en su “Propuesta del Candidato de la Patria”, entre los objetivos estratégicos podía constatarse la propuesta de aplicar políticas para deslindar a Venezuela de los mecanismos internacionales de “dominación imperial” como los denominan, y proponían denunciar los tratados multilaterales que limiten la soberanía nacional frente a los intereses de las potencias neocoloniales, como el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. También aspiraban retirar a Venezuela de la Corte Penal Internacional. Parecía que el gobierno quería aislarse definitivamente de la CIDH, la OEA, OMC, FAO, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, y seguramente la ONU, bajo el precepto de que esta última organización estaba dominada por un puñado de potencias con derecho a veto.[17]

Refieren en ese programa que denunciarán los “Acuerdos de Promoción y Protección de Inversiones” toda vez que estos limitan la soberanía nacional frente a las llamadas potencias neocoloniales. Esto significaría que los más de 27 acuerdos de inversiones bilaterales que existen con un grupo importante de países llegarían a su fin.

Contrariamente a esta nueva posición del gobierno a finales de los años 90, la delegación en Ginebra había presentado alguna ideas para contribuir a la reflexión sobre el régimen de protección de inversiones en Venezuela. La visión central se refería a instrumentos de política que garantizaran seguridad jurídica a los inversionistas, mientras que se auspiciaban políticas orientadas a inversiones a objetivos específicos de desarrollo.[18]

La Conferencia Ministerial de Seattle

La Conferencia Ministerial de la OMC en Seattle, Estados Unidos, fue un fracaso y puso de manifiesto que la OMC tenía un largo camino que recorrer para consolidarse. La convocatoria fue polémica y las demostraciones en la calles eran una señal que los movimientos antiglobalización estaban por marcar una nueva agenda. Los ministros no acordaron ni una agenda ni lanzar una nueva ronda de negociaciones. El Presidente de Estados Unidos era Bill Clinton, quien no tenia en su agenda ver el fracaso de esa conferencia. Los países se retiraron y ni siquiera se pudo acordar un documento de agradecimiento al país anfitrión. Fracasa Seattle por las protestas de la sociedad civil, por las objeciones de los países en desarrollo y por la falta de transparencia y tácticas antidemocráticas en el proceso de negociación. Por supuesto la diferencia entre los Estados Unidos y la UE aceleraran los resultados. El fiasco se entendió como una victoria de los países en desarrollo.

Fui uno de los delegados a los que en algún momento los manifestantes le obstaculizaron el ingreso a la conferencia. Aun recuerdo el grito de guerra: ”No new round, turn around”. La delegación de Venezuela la presidia el Ministro de agricultura, Montilla. Un tanto ajeno a la propia agenda de la reunión de Seattle y con poca experiencia en el contexto la multilateral. La delegación de Ginebra lo había preparado para su participación. En algún momento recuerdo que me preguntó si se vería mal que se uniera a las protestas. Le respondí; “Ministro las protestas son también contra usted-. El estaba de acuerdo con los manifestantes.

La delegación de Venezuela actuó insistentemente en relación a la falta de transparencia en el proceso y –además-, por primera vez propone para la declaración final que se negociaba el  concepto que originó el propio Werner Corrales y que era el de “espacios de política”. En los extractos del proceso de negociación para una declaración que debe haber quedado registrado la insistencia de Venezuela de que se incluyera ese concepto.

Recuerdo que el calor de las negociaciones un delegado de la UE me comentó que apoyaría la inclusión del párrafo por nosotros propuesto siempre y cuando explicara qué significaba el nuevo concepto.[19] Lo cierto es que muchas de las demandas apoyadas por las que participó activamente Venezuela, formaron parte de los avances que se lograron a raíz de esa conferencia.

Espacios de Política

Hay que darle el debido reconocimiento a Werner Corrales por crear este concepto que hoy forma parte de la agenda multilateral. Se ha definido como la opción y la libertad que pueden tener los gobiernos para diseñar e implementar políticas, para alcanzar objetivos acordados sin renunciar a sus obligaciones internacionales. El tema ha sido ampliamente discutido y existe suficiente investigación sobre las variables de los espacios de política. Los “policy space” y sus diferentes perspectivas están insertados tanto en el argot como en las opciones para la negociación en el marco multilateral. El concepto se introdujo formalmente y por consenso se incluyó en  la declaración de Sao Paolo que emanó de la reunión de la UNCTAD en  2004.

Un Director de Venezuela

La designación  por parte de Mike More de Miguel Rodríguez Mendoza como director adjunto de la OMC (2000) contó con el apoyo de los países latinoamericanos y fue una respuesta al reconocimiento de la experiencia de este venezolano y un reconocimiento de la capacidad proactiva y de negociación de la Misión en Ginebra en aquel momento. Durante su gestión él se destacó en  el proceso de aplicación de los acuerdos pendientes, quizás uno de los temas más políticos y complejos de la etapa post-Seattle. Fue el responsable del Comité de Negociaciones Comerciales que creó la estructura  para el lanzamiento de las negociones en Doha, algo  que ayudó recomponer la confianza en la OMC luego del estrepitoso fracaso en Seattle.

Formación del equipo Negociador.

Un gran esfuerzo se hizo por esos años para formar y  fortalecer un equipo negociador en temas comerciales. W. Corrales logró poner en práctica una serie de cursos de capacitación, tanto para funcionarios en Caracas, como para el equipo en Ginebra. Desde ese entonces, los equipos de expertos en materia comercial de Venezuela se han diluido y su formación actual ha estado signada más por una visión ideológica que crítica, la misma esencia de los acuerdos multilaterales. No es petulante reconocer que dentro de los equipos negociadores de la América latina y de los países en desarrollo los venezolanos eran reconocidos por su especialización temática y su actuación proactiva.

Un ejemplo de los frutos que de ese esfuerzo que fue preparando un equipo de expertos en temas OMC lo comprueba la excelente preparación institucional que se realizó para la cuarta conferencia ministerial de la OMC en Doha. Se organizaron cuatro equipos de trabajo, cada uno con coordinadores y técnicos de apoyo para el bloque de temas que incluía el proceso negociador. Se dividieron en Implementación, Inversiones y Transparencia. (W. Corrales) Aranceles, Agricultura, Ambiente, Servicios. (J.F Misle) Adipic-Salud, E-Commerce, facilitación de Comercio, Solución de Diferencias (Oscar Hernández Bernalette), Competencia, Laboral, Normas (Luis Velásquez)[20]

Se realizó una matriz de posiciones por temas que incluía tanto el texto propuesto, comentarios sustantivos al mismo para  presentar la posición país, así como las alianzas por países con relación al tema. El esquema de trabajo se complementaba con textos previamente elaborados sobre las cuestiones y preocupaciones para permitir presentar con claridad la posición de Venezuela ante los distintos temas de la agenda. Ese esquema sirvió para futuros trabajos y como modelo a seguir.

Centro de  Asesoría Legal en asuntos de la OMC

Propuse en una de las sesiones del Comité del  OSD se inicie un proceso de evaluación entre un grupo de países miembros de la  organización, para crear un mecanismo de apoyo legal a los países en desarrollo en posibles litigios comerciales dentro del marco del OSD. El centro ofrece  asesoría legal gratuita y entrenamiento en asuntos legales de la OMC a costos muy reducidos. Hoy existen 42 miembros en esta organización. A pesar de ser Venezuela quien siembre la semilla inicial para esta organización que hoy funciona exitosamente en Ginebra, no fue uno de los miembros fundadores. La burocracia no procedió a desembolsar  los recursos requeridos para que Caracas ingresara como miembro fundador. Sin duda frustrante luego del intenso trabajo que se realizo para constituir el centro.  Fue precisamente en Seattle en donde se formaliza la creación de esta instancia.

La revolución y la OMC: retroceso

A partir del año 2003 tanto los decisores de política, como la misión en Ginebra, entran en una acelerada contradicción entre el discurso original del gobierno de Chávez y la práctica negociadora en la OMC. Venezuela arremete contra los Estados Unidos en varios frentes, cuestiona la globalización abiertamente y radicaliza su posición. Fueron los tiempos en que Chávez  apuntaba sus baterías contra el ALCA. Los organismos competentes en Caracas no daban instrucciones a Ginebra y prácticamente la misión estaba  a la deriva. Su actuación era reactiva y se pronunciaba en distintos temas más basado en los criterios comerciales de los negociadores, que en una estrategia definida desde Caracas.

Por ejemplo: Venezuela presentó en el año 2003, sin lograr hacerle seguimiento posteriormente en el Consejo de Servicios de la OMC, una clasificación de los servicios energéticos para la posible adopción de compromisos específicos, cubriendo todos los servicios comercializados en relación a todas las fuentes de energía. Incluía tanto los servicios consumidos por la industria de la energía, así como los que ella provee; en otras palabras, comprendía todos los servicios que se comercializan en el sector energético.

Como objetivo, esta clasificación permitiría a los países productores de petróleo, al momento de asignar licitaciones a empresas extranjeras, determinar con mayor facilidad los alcances y cobertura de esas licitaciones. Es decir, definir  qué servicios podría otorgarse en las licitaciones y cuales podrían reservarse para la pequeña y mediana industria nacional.

Quien para aquel entonces era el Embajador alterno ante la OMC, Luis Velásquez, quien había sido Vice-ministro de Comercio, resume su frustración en los siguientes términos: Una de las grades trabas para los negociadores venezolanos fue la falta de instrucciones por parte del Ministerio de Producción y Comercio, fue tan evidente que tuvimos que colocar un  párrafo cada vez que se solicitaban instrucciones que leía de la siguiente manera:” DE NO RECIBIR INSTRUCCIONES EN CONTRARIO SE PROCEDERÁ A MANTENER LA SIGUIENTE POSICIÓN EN LA REUNIÓN DE……”

 Afirma -Velásquez -que el mayor aporte de ese Ministerio fue enviar, en algunos momentos, a funcionarios de ese despacho, para que nos apoyaran en algunas negociaciones, pero su labor se centró básicamente, en actuar como fiscales políticos, dedicándose a vigilar a los funcionarios y a acusarlos de ser pagados por las empresas transnacionales. Sin contar que demostraban una falta profunda de preparación profesional y particularmente sobre aquellos temas en los cuales participarían.

Sentenció Velásquez que: “Si bien es cierto que negociar en la OMC es sumamente complejo por la diversidad de intereses comerciales que allí se manejan, también lo es sentarse en una mesa de negociación cuando no se tienen instrucciones y ni mucho menos idea de los planes de desarrollo que en materia de agricultura e industria se tienen en  el país. En ese momento, como ahora todo está centrado en política, en restricciones, confiscaciones etc., y no en que el país se incorpore en las corrientes mundiales de comercio, tan necesarias para nuestro desarrollo[21]

Una de las anécdotas de esos tiempos de cambios está referida a la “persecución” de aquellos funcionarios  que eran considerados como liberales o “WTO friendly”. Muchas de las posiciones e intervenciones que hacía la delegación de Venezuela contaba con el apoyo de asesores externos que usaron la plataforma de la Misión para oponerse tanto a los países desarrollados dentro de la organización.

Ultima revisión de Política Comercial. (27 – 29 Noviembre 2002)

En las conclusiones de esta revisión se indicó que, aun para aquel entonces, que se reconocía el “esfuerzo de Venezuela por fortalecer el Sistema Multilateral de Comercio”, sin embargo se registraba que Venezuela aun tenía pendiente cumplir con compromisos y notificaciones relacionadas a regulaciones técnicas. El informe destacó que la actuación de la economía había variado considerablemente desde 1996. Que el país se encontraba en recesión en el año 2002. Insistieron que era un error la dependencia de Venezuela en el sector petrolero y las fluctuaciones de ese mercado global. Reconocieron lo incipiente de la base exportadora no tradicional, la falta de competividad y la dificultad de Venezuela para integrarse en la economía global. Examinaron el tipo de cambio fluctuante para aquel entonces y recomendaron a Venezuela expandir su oferta exportable.

Asimismo, se reconoció para aquellos momentos, los intentos de Venezuela por liberalizar su régimen de Inversiones y la promulgación de una nueva Ley de inversiones. Algunos miembros le recomendaron a Venezuela tomar medidas más amplias que garantizan que el sistema jurídico fuera predecible y estable. Era una preocupación la recurrente utilización de mecanismos para arancelarios. Los miembros en aquel momento venían a Venezuela atravesando un camino difícil, pero a su vez recomendaban que se mantuviera bajo las disciplinas de la OMC y no abandonara las políticas de liberalización comercial que evidentemente ya indicaban no formar parte de las prioridades del gobierno.

Se criticó el reiterado uso de medidas para-arancelarias, así como el abusivo régimen de licencias al comercio. Se señalaron preocupaciones diversas entre otras, las relacionadas al régimen de cambio, política monetaria y fiscal y sobre las medidas tomadas para controlar la inflación. Igualmente el tema de la propiedad intelectual generó crítica por parte de  algunos miembros.

Habría que recordar que en esos años el acercamiento y los vínculos de Venezuela con Cuba determinaron el comportamiento del país en su agenda internacional. La actuación  de Cuba en la OMC era de muy bajo perfil y evidentemente su estructura económica después de la revolución en poco se parecía a los postulados del comercio multilateral. La intensa relación y dependencia del país con Cuba obligaba la reciprocidad de Venezuela en la mayoría de los organismos internacionales. Cuba se fue acercando a Venezuela hacia una actuación de confrontación y poco constructiva en la OMC. Venezuela se fue sumando casi automáticamente a la posición de La Habana e hizo trinchera con aquellos países más críticos, independientemente de su interés comercial en un momento determinado.

Reunión Ministerial de Cancún

La Quinta Conferencia Ministerial de la OMC se celebró en Cancún (México) del 10 al 14 de septiembre de 2003. La tarea principal consistió en hacer un balance de los progresos realizados en las negociaciones y otros trabajos en el marco del Programa de Doha para el Desarrollo. La reunión de Cancún se convirtió para Venezuela en una cruzada para “desenmascarar” a la OMC y el proceso negociador. El propio Presidente Chávez trasmitía  en vivo por TV  los resultados de la actuación de la delegación de Venezuela.

El Ministro de la Producción y el Comercio, Ramón Rosales Linares presentó un documento denominado “Privilegiando el derecho al desarrollo”, donde fijaba la posición del Gobierno “revolucionario”. Con ese documento  Venezuela se desmarca de una visión de apoyo al multilateralismo y la liberalización del comercio, a una visión cuestionadora de los acuerdos de Marrakech y traza lo que sería la futura actuación de Venezuela en esta nueva etapa. Llena de contradicciones como que mientras renegaba de las economías de mercado, aceptaba destacar a Rusia en su proceso de adhesión a la OMC como “una economía de mercado”.

El gobierno cuestionó que:

  1. “No obstante la exigencia de reciprocidad en el cumplimiento de muchas de las normas acordadas ignoró las grandes diferencias existentes entre las economías vinculadas al sistema multilateral y los diferentes niveles de desarrollo. Al obligar a los países con economías desiguales a comportarse como iguales, se originaron grandes perjuicios para las naciones en desarrollo.
  2. Que hay algunas previsiones adoptadas con respecto al Trato Especial y Diferenciado, estas, en su mayoría, no se han cumplido, en algunos casos no existe la capacidad suficiente para que los países en desarrollo puedan obtener alguna ventaja de la aplicación de tales normas generándose mayores desequilibrios en las relaciones de intercambio entre los países desarrollados y en desarrollo.
  3. Venezuela decide a partir de ese momento  a no adoptar  de nuevos compromisos en los siguientes términos: “Como puede apreciarse, persiste y se incrementa con el tiempo la brecha de desigualdad y beneficios que resultan del fiel cumplimiento de esos mecanismos, llevando a cuestionar la eficacia del libre comercio, en los términos en los que se encuentra planteado y en la forma en que ellos se ejecutan, imposibilitando que el sistema pueda, efectivamente, constituir un factor clave para atender de manera justa y equilibrada el desarrollo humano.

“La evidencia indica que a pesar de los esfuerzos de los países en desarrollo para adaptarse a esas normas, la calidad de vida no ha mejorado y son preocupantes las limitaciones de acceso a los bienes y servicios básicos de subsistencia de la mayoría de la población mundial.”

Plantea la necesidad de “no adoptar nuevos compromisos hasta no resolverse la extensa y variada gama de asuntos pendientes, fundamentalmente los que afectan a los países en desarrollo.”

Solicitó se considerara una revisión pública de las consecuencias de los acuerdos de Marrakech y de su impacto sobre el crecimiento económico, la reducción de las desigualdades entre países según sus niveles de desarrollo, el empleo, el ambiente.

La crítica se centraba fundamentalmente en la economía de Mercado. Se afirmaba en el documento que “el mercado por sí solo no será, como no la ha sido nunca, capaz de garantizar ni el crecimiento económico, ni la superación de la pobreza, ni el logro de la equidad en el mundo en desarrollo.”

Insistían en afirmar que en las últimas dos décadas se ha producido un acelerado proceso de liberalización y desregulación a escala planetaria y simultáneamente se han acentuado las desigualdades tanto al interior de los países, como entre los países.

Para la delegación era fundamental darle espacio a “la adecuada intervención del Estado y de reivindicar el papel de las políticas públicas como condiciones sin las cuales no sería posible alcanzar la meta deseada de un desarrollo equitativo, democrático y ambientalmente sostenible.”

Alegaban que ” las relaciones entre el mercado y el Estado no es un asunto que se pueda resolver de manera inmediata para las futuras situaciones y coyunturas, con base en supuestos teóricos o políticos generales. Ni la hegemonía del Estado ni el fundamentalismo de mercado son las alternativas en las cuales Venezuela y los países del sur podrán encontrar las claves para el desarrollo económico y social.”

Se desprendía de la retórica “omeciana” al  asegurar: “No se trata, entonces, de limitar la acción reguladora de los Estados para allanar el camino de la liberalización económica a través de la adopción irreversible de acuerdos internacionales de obligatorio cumplimiento. No basta con liberalizar el comercio y las inversiones para garantizar el avance hacia mayores niveles de crecimiento y bienestar colectivo. Sin mecanismos expresos que faciliten el diseño y ejecución de políticas públicas dirigidas a lograr una reducción significativa de las disparidades entre las diferentes regiones, países y actividades productivas, la libre competencia entre desiguales, no puede conducir sino al fortalecimiento de los más fuertes y a un debilitamiento aún mayor de los mas débiles.”

La visión del Gobierno de Venezuela reiteraba que “En estos procesos hay una marcada tendencia a priorizar los derechos mercantiles sobre los humanos, desplazándolos hacia el comercio. Se trastoca así la filosofía de los derechos humanos al imponer la libertad de comercio y la rentabilidad de la inversión como paradigma de la materialización de estos. La creación de un nuevo sujeto de derecho en torno a los derechos comerciales coloca a las empresas en un nivel equivalente al de las personas y los Estados. La supremacía que se le otorga a los derechos mercantiles sobre los derechos humanos se traduce en una seria amenaza a estos últimos. Esto es particularmente preocupante dado que, en general, los tratados para la liberalización del comercio y la inversión tienen mecanismos mucho más efectivos para garantizar su cumplimiento -mediante fuerte sanciones- que los previstos en los acuerdos y tratados de derechos humanos, laborales, culturales y ambientales.”

Con esta frase final el país selló lo que seria su futura actuación en la OMC:

“Para el Gobierno de la Republica Bolivariana de Venezuela, los derechos económicos, culturales y civiles son y serán interdependientes, indivisibles e irrenunciables. En consecuencia, los intereses comerciales no podrán tener supremacía por encima de los derechos humanos y la soberanía de los Estados”.

Las Alianzas

Venezuela forma parte del G-20, grupo de países en desarrollo que ejerce presión para que se efectúen reformas ambiciosas en la agricultura de los países desarrollados, con flexibilidad para los países en desarrollo. Además pertenece al G-33  conocido como “Amigos de los productos especiales” en la agricultura. Países en desarrollo que ejercen  presión para que “se dé flexibilidad a los países en desarrollo a fin de que puedan efectuar una apertura limitada de sus mercados agropecuarios”.  Igualmente participa en el  grupo AMNA otro bloque de países en desarrollo que pretenden obtener flexibilidad para limitar la apertura de los mercados de productos industriales.

Sin embargo, en donde realmente está circulando Venezuela es con un grupo de países “like minded” en temas políticos bajo la dirección de Cuba, que incluye a  Bolivia y Nicaragua, países que forman parte del ALBA[22] y que  tienen una postura ideológica contra el mercado, la liberalización del comercio y se declaran fundamentalmente socialistas.

En el documento  oficial que presentaron en la Reunión Ministerial de la OMC en Bali[23] queda claro la actitud obstruccionista basada en un lenguaje  retórico y de confrontación contra la organización, resaltan la figura de Chávez  y sus postulados demuestran el carácter ideológico en los siguientes términos:[24]

intenta presentar el llamado paquete (de acuerdos) como si fuera de interés para el mundo en desarrollo. Peor aún, lo han conseguido mediante manipulaciones trasladando la imagen de que somos los mayores beneficiarios de estos resultados, cuando es justamente lo contrario.

Al aceptar lo que se nos presenta, enfrentaremos las mismas dificultades que tuvimos para la aplicación de los Acuerdos de la Ronda Uruguay. Lamentablemente muchos olvidan, pero cada vez son mayores los costos que asumen nuestros pueblos. Lo que se nos presenta sigue siendo desbalanceado y reforzará el camino hacia un orden económico internacional más injusto y menos equitativo y, por ello, haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que la OMC no continúe siendo utilizada como instrumento de la globalización neoliberal. Mientras se nos impone un acuerdo de facilitación del comercio de obligatorio cumplimiento, los temas del desarrollo, particularmente agricultura, se presentan mediante fórmulas engañosas, siempre limitadas, porque se continúan perpetuando las políticas de subsidios y ayudas de los países desarrollados ya que permanecen intocables.

 Resulta inconcebible que la organización que propugna un comercio libre y no discriminatorio sea incapaz, por las presiones de la superpotencia mundial, de aprobar un párrafo que simplemente llame a la no aplicación de medidas discriminatorias a las mercancías en tránsito, ni a las embarcaciones u otros medios de transporte por razones de cualquier índole. Nunca nos dejaremos amedrentar.

Hemos sido burdamente bloqueados no solo en nuestro derecho legítimo a negociar durante todos estos años y en el transcurso de esta conferencia, sino también a ejercer la mera palabra, lo cual constituyen acciones repudiables que no podemos aceptar.

Por estas razones, las delegaciones de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela rechazamos categóricamente los documentos presentados y en consecuencia, nos oponemos formalmente a la adopción de estos textos, conforme al artículo 9.1 del Acuerdo de Marrakech.

Nuestros países, ejemplos de la aplicación práctica de la cooperación internacional sin condicionamientos, basada en la solidaridad, el respeto mutuo, la soberanía y el principio de compartir lo que tenemos, no lo que nos sobra, seguiremos defendiendo las más legítimas causas de los pueblos del mundo en desarrollo.

Nuestros países, inspirados en el ejemplo vivo que nos han legado del entrañable amigo Nelson Mandela, nuestro querido Madiva y nuestro Comandante Chávez, no cejaremos en nuestra lucha por alcanzar un comercio sin discriminación, justo y equitativo que efectivamente represente a los pueblos más débiles.”

Conclusión

Andrés Oppenheimer afirmó con razón que: “la historia reciente de Venezuela debería ser de enseñanza obligatoria en todas las universidades del mundo, como ejemplo de un milagro económico al revés: a pesar de haberse beneficiado del boom petrolero más grande de su historia, el país hoy en día tiene más altos niveles de pobreza que antes.”[25]

De igual manera un estudio de varias prestigiosas universidades Venezolanas (Universidad Central de Venezuela, Simón Bolívar, Católica Andrés Bello) concluyó al examinar las condiciones de vida del venezolano: seguridad personal, situación social, trabajo, nutrición y alimentación, salud; educación, pensiones, vivienda y servicios, vulnerabilidad físico-ambiental, economía, desarrollo local, la institucionalidad y circunstancias electorales que , los niveles de pobreza se dispararon en el país.

Venezuela ha pagado caro por el populismo y por la política de distanciamiento de las recomendaciones de los organismos internacionales en varios frentes. Disociarse de las disciplinas multilaterales y proponerse una estrategia de desarrollo de la que precisamente intentaban salir muchos países, hizo que el país destruyera su aparato productivo, no aprovechase los beneficios de los precios altos el petróleo y de las bondades de la apertura económica y comercial.

Hay que reconocer el esfuerzo que hizo Venezuela  desde su ingreso  tardío al GATT  en la década de los 90 y hasta el 2002, por jugar positivamente en el marco de la OMC defendiendo sus derechos y al mismo tiempo  honrando sus obligaciones. Con matices y diferencias en cuanto al tratamiento de algunos temas el país le dio una importancia destacada a su participación constructiva en el marco de la organización. Así se reconoció en distintas instancias. Venezuela utilizó debidamente el OSD y entendía que a pesar de los problemas endémicos que se derivaban de la propia estructura  de la organización, apostar  a sus beneficios como país en desarrollo tenia sentido. No solo por su  incipiente papel en la economía global de bienes y servicios, sino por la oportunidad que brindaba para que el país mantuviera disciplinas comerciales y económicas que debían dar sus frutos a largo plazo si se lograba que independientemente de los gobiernos de turno se respetaran las premisas fundamentales de la OMC.

Venezuela al poco tiempo del inicio del Gobierno de Chávez  cambió su postura, se alió a países con  posiciones poco constructivas en el proceso negociador y si bien en algún momento se planteó hasta retirarse del organismo, entendió su presencia en la organización como dándole la oportunidad de jugar un papel obstruccionista. Como foro internacional han utilizado la OMC para sus denuncias sobre supuestas intervenciones del llamado “imperio”. Un alto funcionario en Indonesia en el marco de la Ministerial denuncio el terrorismo económico como arma de desestabilización política por parte de la oposición Venezolana o la “guerra económica que promueve la derecha en el país”.

Se puede concluir que Venezuela al  marginarse de los postulados del sistema multilateral del Comercio perdió una gran oportunidad.  El duro golpe que se le infringió al multilateralismo entre otros por Caracas al oponerse al frágil acuerdo que se había  alcanzado en Bali,  fue una estocada para las ya estancadas negociaciones desde Doha. No se entiende  el mérito ni el tísico triunfo con esa postura sobre todo con la escusa de  incluir una referencia del embargo a Cuba, texto más que trillado y reiterado en cuanto documento multilateral se ha producido en los últimos años en el sistema de Naciones Unidas.

Para  un país en desarrollo como Venezuela la OMC con sus obligaciones y derechos es sin duda un gran reto y una oportunidad para aprovechar los grandes beneficios del intercambio comercial como palanca para el desarrollo económico. No es casual que son cada vez más los países que se suman a la OMC, organización que por lo visto está para quedarse y si no existiese, habría igualmente que inventarla.

 


Bibliografía

La OMC como Espacio Normativo: un reto para Venezuela .Compiladores Luis Tineo, Julia Barragán. Ed. Velea, Caracas 2000.

Analytic, Mayo –Agosto 2012 Numero 25 –Campaña Electoral. Oscar Hernandez Bernalette en “Efectos Electorales del Apoyo a Chávez en las Próximas Elecciones.” Caracas 2103

Los Resultados de la Ronda Uruguay de Negociaciones Comerciales Multilaterales. Los textos Jurídicos. Secretaria del GATT, Ginebra, Diciembre 1994. www.wto.org/Venezuela/varios

Trade Agreements, Petroleum and Energy Policies,  UNCTAD/ITCD/TSB/9 Ginebra 2000


Oscar Hernández Bernalette. Embajador de carrera retirado. Entre múltiples responsabilidades  a lo largo de una extensa carrera diplomática, fue Representante Alterno de Venezuela ante las Naciones Unidas y  la OMC en Ginebra. Fue Director General de Economía y Cooperación del Ministerio de Relaciones Exteriores y Director General de Negociaciones Internacionales del Instituto de Comercio Exterior. Actuó como panelista en el Órgano de Solución de Diferencias y fue Presidente del Comité de Inversiones de la OMC.

[1] The WTO Agreements and Petroleum Products. UNCTAD, Geneve 2000, Pag.19

[2] Afirma Juan Misle al respecto que “Venezuela ingresó al GATT manteniendo sin ningún cambio en  sus aranceles. Su compromiso fue no subir sus aranceles a más de 60% ad-valoren. El arancel más alto vigente en Venezuela en 1990 era de 20%. Es decir, Venezuela tenía derecho a elevar sus aranceles de manera unilateral en caso de que lo considerase necesario.” CP Oct 2015.

[3] Miguel Rodríguez Mendoza, fue el  negociador  jefe para  ingreso de Venezuela al GATT y posteriormente Ministro de Comercio y Director General adjunto de la OMC.

[4] Entre los expertos que formaron  parte de esos  equipos estaban Juan Misle, Gonzalo Capriles, Laura Rojas, María Estela Bermúdez,  Alfredo Zuloaga Gladys Genua entre otros.

[5] Fue Canciller durante el Gobierno de Carlos Andrés Pérez

[6] Laura Rojas, Políticas de Comercio e Industria después de la Ronda Uruguay en La OMC  como espacio Normativo. Velea Caracas 2000-

[7] Estuvieron es esa ocasión el propio Reinaldo Figueredo y Gabriela Febres.

[8] Luchador Socialcristiano, fue presidente de Venezuela entre 1969-74. En su segunda Presidencia indultó al Tte. Coronel Chávez, lo que le permitió recuperar sus derechos políticos y lanzarse a la Presidencia.

[9]Pocos meses después  se designa a un RP en Ginebra con conocimiento de los temas comerciales, Werner Corrales, Ex-ministro de Comercio de Caldera.

[10] Juan Misle , Economista, fue uno de los 18000 funcionarios PDVSA que fueron destituidos por Chávez en el 2002-. Cumple alta responsabilidades en la NASA.

[11] Jorge Castro, John Jackson y el Comercio Internacional, El Universal, Nov. 2015

[12] Ver www.wto.org / Venezuela/Revisión políticas Comerciales.

[13] Los funcionarios adscritos: W. Corrales, O. Hernández Bernalette, Gerardo Thielen, M.A. Aristiguieta, Elbey Borrero, Martha Colomina, David Vivas. A Perfectto

[14] Oscar Hernández Bernalette en “Efectos Electorales del Apoyo Internacional a Chávez en las próximas elecciones”. Simón Bolívar ANALYTIC, Mayo-Agosto  2012.

[15] Venezolanos en la Secretaría de la OMC Marina Tudja (Traducción); Raúl Torres (Comercio y Desarrollo); Gerardo Thielen (Instituto de Formación); Jorge Castro (Asuntos Jurídicos); Juan Flores (Servicio de Conferencias).

Venezolanos que han sido panelistas somos seis (somos uno de los países con panelistas en más casos). En orden alfabético: Jorge Castro; Oscar Hernández Bernalette; Enie Neri (panelista en 10 casos); Miguel Rodríguez (panelista en 7 casos); Gerardo Thielen; y David Vivas.

[16] EL Comandante Chávez gobernó autocráticamente a  Venezuela por casi 16 años hasta su muerte.

[17] Plan de la Patria en

[18] W. Corrales y M. Rivera. ”Algunas ideas sobre el nuevo régimen de promoción y protección de inversiones en Venezuela.” en La OMC  como espacio Normativo. Velea Caracas 2000-

[19] En Seattle no se logró una Declaración Final. Por ello no se recogió el término tal como lo había planteado la delegación de Venezuela.

[20] Los técnicos temáticos fueron Luis Bernal, Roberto Arias, Elbey Borrero, Silvia Chacón, Virginia Pérez, Elba Rodríguez, Eduardo Porcarelli y Aldo Perfecto.

[21] Luis Velásquez fue retirado del Servicio exterior de Venezuela cuando se inició un proceso de apartheid contra los funcionarios de carrera durante el Gobierno del Presidente Chávez.

[22] La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América es una organización internacional de ámbito regional, conformada por Nicaragua, Bolivia, St.Vincent y las Grenadinas, Dominica, Cuba y Venezuela. Pone énfasis en la lucha contra el  Capitalismo, el imperialismo, la pobreza y la exclusión social. El principal soporte económico ha sido Venezuela.

[23] WT/MIN(13)/29 7 de diciembre de 2013 (13-6768) Página: 1/2 Conferencia Ministerial Noveno período de sesiones Bali, 3-6 de diciembre de 2013 Original: español

[24] Es inusual en un foro como el de la OMC que los delegados usen un  lenguaje estridente y menos exalten figuras  históricas  o políticas.

[25] Andrés Oppenheimer. Art. La Nación, Buenos Aires, 10 Feb.2015

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